LA SANTIDAD Y LA MISIÓN DE DIOS A LAS
NACIONES
por nita steiner
Dios, a través de su Espíritu Santo está comenzando
un movimiento misionero en Puerto Rico que va a abarcar a la isla
entera. Muchos puertorriqueños se prepararán para vivir
en países lejanos a fin de comunicar el evangelio donde nunca
ha sido proclamado. A la luz de esta realidad, debemos descubrir y
examinar el criterio de Dios para sus siervos en este último
gran esfuerzo para cumplir con la gran comisión que él
nos ha dado.
Sin duda, la santidad es uno de los criterios más claros que
hay en las Escrituras para el siervo de Dios. Vez tras vez Dios llama
a su pueblo Israel a la santidad en su misión aquí en
la tierra (Génesis 17:1, 2; Levítico 20:24-26; Isaías
62:12; Jeremías 2:3; Lucas 1:73-75). El llamado de Dios a su
pueblo después de Pentecostés no ha cambiado. En la
misión a las naciones, el único estilo de vida establecido
por el Espíritu de Dios es el de la santidad (Romanos 6:19;
Efesios 4:24; 1 Tesalonicenses 4:7; 1 Pedro 1:15, 16; 2:9).
Pero, ¿qué significa ser santo? En la Biblia, el tema
de la santidad es tan amplio, que sólo voy a tratar un aspecto
de él, el aspecto del reposo interior. Veamos esta dimensión
del mundo: “Y bendijo Dios al día séptimo, y lo
santificó, porque en él reposó de toda la obra
que había hecho en la creación” (Génesis
2:3).
Donde Dios reposa, Dios santifica. El busca un corazón donde
descansar, pero no puede descansar si la vida de su siervo está
llena de sus propias obras. Haciendo referencia al libro del Génesis,
el autor de Hebreos dice; “… el que ha entrado en su reposo,
también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas”
(Hebreos 4:10). El hombre y la mujer de Dios tienen que llegar al
fin de sus obras para gozar del reposo del Señor. Es posible
estar involucrado en la misión de Dios y no cumplir sus propósitos.
La santidad como reposo interior implica esperar en Dios, el Señor
de la mies, para oír de él qué paso tendrán
éxito en esta misión de alcanzar a las naciones con
el evangelio. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré
exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra”
(Salmo 46:10). La única forma en que veremos a Dios exaltado
en las naciones es por medio de estar quietos y cesar de la mucha
actividad del alma (opiniones, deseos y sentimientos propios), para
actuar según su dirección en nuestro espíritu.
Es este descanso del alma el que Jesús ofrece en Mateo 11:28-30:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros,
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es
fácil, y ligera mi carga.”
La santidad como reposo significa no tener confianza alguna en uno
mismo. Cualquier confianza que haya en la educación, experiencia,
familia, talentos, carisma de personalidad o posición, tiene
que morir. Es fácil creer que estas cosas nos hacen sabios
para hacer la obra de Dios, pero la Biblia nos enseña claramente
que la sabiduría viene de Dios; sólo confiando en él
sabemos andar en su misión (Proverbios 3:5; Filipenses 3:4-7).
En conclusión, el hombre santo espera en Jehová y confía
totalmente en él; no actúa según sus impulsos
naturales, sino según los impulsos del Espíritu de Dios
en su espíritu.
¿Está usted agotado haciendo la misión de Dios?
Pídele al Espíritu Santo que le dé luz para preciso
reposo interior. Esto es ser santo, y es lo que Dios requiere para
cumplir con su misión de evangelizara todas las naciones.