Una vez, hace poco, existía un grupo que se llamaban los Pescadores. Había en aquel entonces muchos peces en las aguas. Semana tras semana, mes tras mes, año tras año, los que se llamaban los Pescadores se reunían para compartir sobre su llamado a pescar, la abundancia de los peces, y las estrategias de cómo capturarlos.
Los Pescadores construyeron edificios grandes y bellos donde reunirse. Siempre animaban a la gente sobre la gran importancia y necesidad de ser pescadores, ¡pero nadie pescaba! En adición a los bellos y grandes edificios, se formaron juntas misioneras para enviar algunos Pescadores a lugares donde había muchos peces pero no había quien los pescara. Las juntas se conformaron de pescadores de mucho conocimiento sobre cómo y dónde pescar; tenían mucha visión en la promoción de pescar en otros lugares.
También construyeron centros de entrenamiento, muy costosos donde entrenar más Pescadores. Ofrecieron cursos sobre las necesidades de los peces, la naturaleza de los peces, las reacciones psicológicos de los peces, cómo acercarse a ellos, cómo alimentarles, etc.
Enviaron muchos graduados y licenciados hasta aguas lejanas. Salieron bastantes, dejando casa y familia para obedecer el llamado. Pero, como los pescadores en sus propios pueblos, ¡nunca pescaron! Como los Pescadores de su pueblo, construyeron edificios, enseñaron cursos sobre cómo pescar, construyeron lagunas para los peces, etc.
Después de una reunión bastante animada, un joven salio a pescar ¡y pescó dos grandes peces! Fue honrado tremendamente por su valentía, y fue invitado por clubes de pesca por todo el país para hablar sobre su éxito. Así dejó el campo de pescar para enseñar a otros.
Fuente: DISCIPULANDO: La Clave para Alcanzar el Mundo para Cristo, por Christopher David Donaldson, Outreach Press, Christchurch, Nueva Zelanda, 2003